EL BARRIO




Barrio Italia o Barrio Santa Isabel, como se le conocía antiguamente, es un vecindario histórico de Santiago que en la actualidad comprende las comunas de Providencia y Ñuñoa.

El origen de este sector de la capital de Chile estuvo ligado a los procesos de urbanización e industrialización que tuvieron lugar hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX, caracterizándose por una serie de elementos sociales, históricos y arquitectónicos que lo convirtieron en un valioso patrimonio cultural del país.

Durante el siglo XIX, en una iniciativa que buscaba ordenar el crecimiento de una urbe que ya comenzaba a desarrollarse con demasiada energía, el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, delimitó la ciudad creando el “Camino de Cintura” que, hacía el Oriente, estaba demarcado por la Avenida que en la actualidad lleva su nombre. Esto generó que la aristocracia santiaguina encontrara en el actual sector del Barrio Italia una buena alternativa para vivir en un ambiente apacible, de tranquilidad provincial, pero siempre muy cerca de los beneficios que ofrecía una ciudad como Santiago. Así, la actual Avenida Bustamante pasó a conocerse como “el Camino de las Quintas”.


Ya creada la comuna de Providencia, en 1897, el Barrio Italia fue consolidando su identidad semirural, con una inusual mezcla de comercio, hermosas residencias y cités. Históricamente, este sector fue conocido como Población Juan García Ballesteros (1896) y luego como Población Italia.

La construcción de la fábrica de sombreros Girardi, en 1905, fue uno de los hechos más relevantes en la historia del barrio. Una familia italiana del mismo nombre se instaló en el sector y dio empleo a cientos de trabajadores que decidieron vivir cerca de la planta, en cités y conventillos ubicados en calle Condell, y las Avenidas Italia y Francisco Bilbao.


En 1936 ocurre otro hecho relevante para el desarrollo del sector. Encargado por Marco Girardi al arquitecto Héctor Davanzo, ese año se construyó el Teatro Italia. Emplazado en la esquina de Avenida Bilbao con la actual Avenida Italia, esta gigante y simétrica obra de la arquitectura moderna fue el un gran impulsor de la vida en el Barrio que, finalmente, tomó su nombre en honor a este edificio. Hoy, en el ex-teatro Italia se presentan ferias con temáticas variadas, pero enfocadas principalmente en el diseño.

Otro eje cultural del Barrio fue la Parroquia San Crescente, ubicada en la intersección de las Avenidas Santa Isabel y Salvador. El lugar no sólo cumplió su objetivo primario, como espacio de oración y recogimiento de los fieles católicos; también sirvió como sede de distintas agrupaciones vecinales de base.

Terminando la primera mitad del siglo XX, el Barrio se encontraba consolidado. En él podía observarse el desarrollo de un incipiente comercio, compuesto por panaderías, sastrerías, carnicerías y reparadoras de calzado, entre otros. Los propietarios eran los mismos residentes, entre los que destacaban inmigrantes italianos, españoles y alemanes. Este desarrollo económico, sin embargo, se vio contenido por el empeño de las autoridades en el proyecto Nueva Providencia, que dio origen a un centro urbano-comercial mucho más potente. Esto, en el largo plazo, favoreció a que el Barrio Italia mantuviera su sello original, caracterizado por su conformación heterogénea, compuesta de distintas clases sociales y distintas nacionalidades, todas coexistiendo en grandes propiedades de las familias más acomodadas y cités de los residentes de menores ingresos, cuyos hijos asistían a los mismos colegios públicos, generando una mixtura social muy especial.


A mediados de la década del 50, sin embargo, comienza a observarse un cambio en el uso del suelo, y las clases altas comienzan a abandonar el sector y ubicarse aún más al Oriente. Las residencias se hacen cada vez más escasas y aparecen instituciones de caridad, fábricas, talleres mecánicos y bodegas industriales, debido a la disminución del valor de las propiedades. El comercio local que caracterizaba el barrio también decae. Algunas empresas, como la sombrerería Girardi reducen su personal al mínimo. El barrio empieza paulatinamente a disminuir su población.

Luego del golpe militar de 1973 y tras décadas de continuo decaimiento, el primer cambio importante en la vida del Barrio ocurre con la llegada de personas que se dedicaban a la recuperación de muebles y objetos que luego vendían a los anticuarios. Con el tiempo lograron establecerse en la calle Caupolicán, donde arrendaban casas antiguas como talleres. Con la crisis de 1982 este tipo de negocio no siguió rindiendo frutos por lo que decidieron hacerse cargo y sacar sus muebles a la venta, aprendiendo con el tiempo sobre el arte de la restauración. Desde entonces, han formado parte de la identidad del Barrio.

Este proceso que evidenció el potencial cultural del actual Barrio Italia, fue forjado también en la década de los ’80 por la construcción del equipamiento del Parque Bustamante y el auge en las viviendas del sector Jesuitas-Santa Isabel. Hoy la calle Caupolicán -entre Salvador y Condell- es ideal para pasear en las tardes y sumergirse entre los muebles y objetos de todo tipo que esperan ser descubiertos por coleccionistas o quienes gustan de decorar sus casas.


Viendo el éxito de la tradición de los mueblistas y restauradores, visionarias tiendas de diseño y decoración apostaron por el Barrio Italia como un nuevo circuito de diseño y arte contemporáneo, con un futuro que muchos asocian con el barrio de Palermo en Argentina. Además, el terremoto de 1985 acentuó el deterioro de las viviendas y el decaimiento del sector, sin embargo, esta situación incentivó la llegada de varios artistas quienes vieron en el barrio la oportunidad de instalar sus talleres en viviendas amplias, con historia y de buena calidad por un bajo precio.

Ya desde mediados de la década del 2000 comienzan a hacerse visibles las transformaciones del espacio físico, destacando principalmente la instalación de diversos comercios en el sector, dentro de los que predominan los restaurantes, talleres de muebles y diseño en general. Estos se instalan en casas antiguas de las cuales mantienen sus fachadas y adecuan sus interiores para los distintos rubros de los negocios. Con el tiempo estos comerciantes se agruparon bajo el nombre de Barrio Italia, principalmente, debido al hecho de que la mayoría de las tiendas se instalaron, en un principio, en la avenida del mismo nombre. Los negocios recientemente instalados constituyen una oferta para gente de un nivel socio-económico más alto que el preexistente y los arriendos, así como los precios de las propiedades, suben. Esta situación ha ido intensificándose con los años, generando un desplazamiento de pequeños comerciantes y familias tanto arrendatarias como dueñas que, o no pudieron sustentarse debido a los altos costos de vivir en un barrio en auge o que, simplemente, fueron presionados a vender sus viviendas.


Hoy, llamativas vitrinas se concentran en Av. Italia y Condell, entre las calles Marín y Caupolicán, haciendo de éstas una verdadera ruta del diseño. Allí se puede encontrar ropa exclusiva para hombres y mujeres, otras para niños, objetos decorativos creativos y sustentables, artículos de jardinería, artesanía chilena, antigüedades, y mucho más.

El Patrimonio

Los vecinos que viven en el Barrio Italia se siente orgullosos de vivir en la cara más reposada de Providencia; una alternativa al ajetreo comercial de las avenidas que sólo invita a caminar lento, a detenerse a mirar pequeñas cosas brillantes que llaman nuestra atención, a compartir un café, una cena o un trago. Entre las Avenidas Francisco Bilbao, Sucre, Bustamante y José Miguel Infante, el Barrio Italia parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre lo residencial y lo comercial, pues allí conviven, día a día, almacenes pequeños, restauradores de muebles, tiendas de diseño, galerías de arte, restaurantes, bares, gente que ha vivido allí toda su vida y otros que sólo andan de turistas.


La diversidad social que caracteriza al barrio se ve reflejada, también, en su variedad arquitectónica. Tanto por Avenida Italia, como por Avenida Santa Isabel (calles que dan nombre al barrio) es fácil encontrar aristocráticas casonas, mezcladas con cités. Esa heterogeneidad no solo se funda en el estilo de vida transmitido en parte por los residentes italianos, sino que también se asienta en las empresas que ahí se instalaron y que le dieron una impronta industrial poco conocida. Fábricas como pastas Lucchetti, sombrerería Girardi, aluminios Fantuzzi e hilandería Sermini, todas creadas por familias que además de sus industrias, tenían ahí sus casas, junto a las de sus empleados marcaron el tono del barrio.

Los inicios también están ligados a las poblaciones Juan García Ballesteros y Salvador, que tal como las industrias aprovecharon la cercanía del ferrocarril.

Varias de estas tiendas se han agrupado entre sí en amplias casonas antiguas, de techos altos y paredes vidriadas, para ofrecer a los visitantes, en una sola pasada, novedosas alternativas en diseño de vestuario, muebles, galerías de arte, librerías, juguetes, artesanías y restaurantes.

En términos gastronómicos, a la tradicional comida italiana, se suma la oferta de comida mexicana, peruana, japonesa, chilena y orgánica, además de ricas pastelerías y almacenes que ofrecen sus propias colaciones. La mayoría de ellos está en Avenida Italia y calle Condell, entre Avenida Santa Isabel y calle Caupolicán.

Un almacén tradicional que lleva más de 30 años en el barrio (calle Caupolicán # 474), la Antigua Colchonería Marín (calle Tegualda # 1462), el rockero Bar de René (Avenida Santa Isabel # 0369), la imponente arquitectura de la Casa Fresia (calle Fresia esquina Avenida Salvador) y la característica Parroquia San Crescente (Avenida Santa Isabel esquina Avenida Salvador), son algunos de los hitos que comprende el circuito patrimonial del Barrio Italia.

Por su parte, el circuito cultural cuenta con varias galerías de arte contemporáneo y librerías ubicadas principalmente en Avenida Italia. Entre sus atracciones, cabe destacar el único museo inserto en el Barrio Italia: la Casa-Museo Eduardo Frei Montalva. Allí vivieron los dos ex-presidentes chilenos (padre e hijo) junto a su familia, por más de 40 años, y hoy es la única casa-museo que existe de algún mandatario chileno. De martes a domingos y festivos se pueden visitar las habitaciones con sus muebles originales y una colección privada de pintura chilena, además del retrato original que Guayasamín hizo de Frei Montalva.

El sólo hecho de entrar es hacer un viaje al Barrio Italia de los años ’50, en un espacio donde el tiempo se detuvo. La Peluquería Morales, ubicada en calle Emilio Vaisse esquina Avenida Santa Isabel, lleva el apellido de su dueño y peluquero, que hace 56 años corta el pelo de hombres al estilo más tradicional: sólo con navaja.

Otro de los oficios que pueden encontrarse en el barrio es el de la Sastrería Henry Wilson (Avenida José Miguel # 1000), que hace más de 30 años confecciona trajes para hombres y mujeres. Justo al lado, está una tiendita que por fuera no llama mucho la atención, pero que por dentro está llena de relojes antiguos que necesitan ser reparados, incluyendo a los relojes cu-cús, que a cada hora dejan sonar el canto de su pajarito.